La guerra de los moriscos en las Alpujarras

CAPITULO IX

De la descripcion de la taa de Orgiba, y como se alzaron los lugares della, y cercaron los cristianos en la torre de Albacete

La taa de Órgiba tiene á poniente á Lanjaron, lugar del valle de Lecrin, y á Salobreña y Motril; al cierzo confina con Sierra Nevada; al levante con las taas de Poqueira y Ferreira y con la del Cehel, que cae hácia la mar, que todas están en la Alpujarra; y al mediodia tiene el mar Mediterráneo, donde está en la lengua del agua un castillo fuerte de sitio, que los moros llaman Sayena, y los cristianos Castil de Ferro. Por medio desta taa atraviesa un río que baja de la Sierra Nevada, y corriendo hacia la mar con algunas vueltas, va a juntarse con el río de Motril. Es tierra fertil, llena de muchas arboledas y frescuras, y por ser templada, se crian naranjos, limones, cidros y todo genero de frutas tempranas, y muy buenas hortalizas en ellas. La cria de la seda es mucha y muy buena, y hay hermosísimos panizos y alcandia, y la mayor parte dellas se riegan con el agua del río y de las fuentes que bajan de aquellas sierras. Hay en esta taa 15 lugares, que los moriscos llaman alcarías, cuyos nombres son: Pago, Benizalte, Sórtes, Cáñar, Elfex, Bayárcas, Soportujar, Catanuz, Beniceyed, Lexur, Barxar, Guarros, Lulia, Faragenit y Albacete de Órgiba, que es el lugar principal donde está una torre, que estaba en este tiempo algo mejor provenida que otras veces, porque habiéndose llevado aquel lugar los moros de Berbería, pocos años antes se habia puesto mejor reacudo en ella. La mayor parte destos lugares están en las hadaz de las sierras, y lo otros en una vega llana que se hace entre ellas, donde está el lugar de Albacete de Órgiba.

El día que el Partal y el Seniz mataron aquellos cristianos que dijimos de Ujijar, y los dos hombres que escaparon de sus manos fueron huyendo al lugar de Albacete de Órgiba y dieron aviso á Gaspar de Sarabia, que estaba por alcaide y gobernador de aquella taa, el cual luego otro dia viérnes bien de mañana envió á Camacho, alguacil mayor, con ocho cristianos alcabuceros, y con ellos algunos moriscos desarmados, á que supiesen que novedad habia sido aquella. Y mientras ellos iban, vino a él un morisco, alguacil de Binizalte, llamado Alvaro Abuzayet, y le dijo que hiciese recoger con brevedad todos los cristianos chicos y grandes á la torre, porque estaba la tierra levantada. Con esta aviso se recogieron luego Alonso de Algar, cura de Albacete, y los otros clérigos, beneficiados y vecinos cristianos que moraban en los lugares de aquella taa, sin recibir daño, sino fueron los de Soportujar y algunos perezosos. Los ocho arcabuceros corrieron peligro de perderse, porque estando en el lugar de Barxar enterrando los cristianos que habías sido muertos el dia antes, vieron los mofis en ellos, y haciendolos huir, los fueron siguiendo hasta cerca de la torre, llamándolos de perros, y diciendoles que ya era llegado su dia, y les quitaron algunas armas, y los proprios moriscos de paces que iban con ellos fueron los que más los persiguieron. Viendo pues Gaspar de Sarabia lo que pasaba, recogió á grán priesa las moriscas y muchachos que pudo haber en el lugar y la metió en la torre, entendiendo que si se diese en necesidad, no faltaría quien se compadeciese, padres, maridos ó hermanos, y que secretamente les proverian de agua y de bastimentos mientras le venia socorro. Finalmente, se encerró en la torre con ciento y ochenta personas y algunos hombres esforzados entre ellos, uno de los cuales se llamaba Pedro de Vilches, por otro  nombre Pie de palo, porque teniendo cortada una pierna á cercen la traia puesta de palo, y era hombre animoso y muy plastico en aquellas tierras; y otro Leandro, que era gran cazador, y acaso habia llegado allí aquella noche con dos cargas de conejos y perdices y un cuero de aceite; que cierto parecido haberlo enviado Dios para la salud de aquella gente; porque además de que él era buen arcabucero; y llevaba su arcabuz con cantidad de munición para poder pelear, la caza sulió la necesidad y hambre de algunos días, y el aceite fue de mayor importancia para quemar á los enemigos una manta de madera que les arrimaron al muro de la torre, entendiendo poderlo picar por debajo. No fueron bien recogidos los cristianos cuando se levantó el lugar, en un barrio que está cerca dél arbolaron una bandera, y tumultosamente se recogieron á ella los mancebos gandules, y no mucho despues pareceiron otras seis banderas, la mayor de ellas colorada, con unas lunas de plata en medio, y las otras todas de seda de diferentes colores, y atravesaron por un viso á vista de la torre, fueron á ponerse en los olivares, acompañados de mucha gente armada de arcabuces y ballestas. De allí enviaron á recoger los lugares que estaban en los llanos, y salieron hombres y mujeres con bagajes cargados de ropa y de bastimentos, y los ganados por delante se subieron á las sierras de Poqueira, y la gente armada cercó la torre donde estaban nuestros cristianos. Luego que se alzaron los lugares de Soportújar y Cáñar y los demás de las sierras, lo primero que hicieron aquellos herejes fué destruir las iglesias, y saquear lo que había en ellas y en las casas de los cristianos. En Soportújar perdieron por engaño al vicario de Ojeda, beneficiado de aquel lugar, y despues de tener preso á él y á un muchacho criado suyo, llamado Martín, ofreciéndole de darle libertad un morisco que tenia por amigo, que se decia Bartolome Aben Moguid, hijo del alguacil del lugar, le sacó de donde estaba y le escondió en casa de otro morisco, llamado Miguel de Jeréz, y allí estuvo cuatro días, al cabo de los cuales vino Farax Aben Farax, que, como quedaba dicho, iba recorriendo los lugares por mandado de Aben Humeya, y donde quiera que llegaba hacia pregonar que, so pena de vida, ningun moro fuese osado de esconder cristiano de ninguna edad que fuese, sino que luego se los manifestasen, y de miedo dél declaró Aben Moguid como tenia aquellos dos cristianos. Y enviado Aben Farax dos moros por ellos, los sacaron de donde estaban y los desnudaron en cueros y atándoles las manos atrás, los entregaron a Zacarías de Aguilar, enemigo del beneficiado, el cual los llevó á la plaza del lugar y tomándolos los vecinos en medio, les dieron muchos bofetones y puñadas, y despues los llevaron á un montecillo que está como media legua de allí, para matarlos y dejar los cuerpos en el campo, porque Aben Farax mandaba que no les diesen sepultura. Y juntamente llevaron una cristiana, llamada Beatriz de la Peña, con cinco hijos niños, y teniéndolos ya para matar, acertó a pasar por aquel camino Aben Humeya, que venía de Beznar, y condoliéndose de la mujer y de los niños, les mandó que solamente matasen al vicario, y que los demás volviesen al lugar y se lo guardasen hasta que enviase por ellos. Luego cargaron los enemigos de Dios sobre aquel sacerdote,  que invocaba su santísimo nombre, y dándelo uno dellos con la verga de la ballesta en la cabeza un gran golpe, que le aturdió con él en el suelo, le hicieron luego los otros con las lanzuelas y espadas, hasta que le acabaron de matar. Y encendidos en aquella ira, hirieron tambien a Martín, su criado, de una cuchillada en la cabeza, que se la hendieron, diciéndole que le hirio: << Toma, perro, porque eres hijo del alguacil de Órgiba >> Ved cuanta enemistad  era la que tenian con los ministros espirituales y temporales, que aun a sus hijos niños no perdonaban. La mujer con sus crasturas llevaron Soportújar, y despues al castillo de Jubíles donde alcanzaron libertad cuando el marqués de Mondéjar lo ganó, con otras muchas cristianas que habia recogido alli Aben Humeya.