La guerra de los moriscos en las Alpujarras

CAPÍTULO VII.

Que trata de don Hernando de Córdoba y de Válor y cómo los rebeldes la alzaron por rey
 

Don Hernando de Córdoba y de Válor era morisco, hombre estimado entre los de aquella nación porque traía su origen del halifa Maruan; y sus antecesores, según decían, siendo vecinos de la ciudad de Damasco Xam, habían sido en la muerte del halifa Hucein, hijo de Alí, primo de Mahoma, y venídose huyendo á Africa, y después á España, y con valor propio habían ocupado el reino de Córdoba y poseídolo mucho tiempo con nombre de Abdarrahamanes, por llamarse el primero Abdaharraman; mas su propio apellido era Aben Humeya. Este era mozo liviano aparejado para cualquier venganza, y sobre todo, pródigo. Su padre se decía don Antonioo de Válor y de Córdoba, y andaba desterrado en las galeras por un crimen de que había sido acusado; y aunque eran ricos, gastaban mucho; y vivian muy necesitados y con desasosiego; y especialmente el don Hernando andaba siempre alcanzado, y estaba estos días preso, la caswa por cárcel, por haber metido una daga en el cabildo de la ciudad de Grananda, donde tenía una veinticuatría. Viéndose pues en este tiempo con necesidad acordó de venderla y irse a Italia o Flandes, según él decía, como hombre desesperado; y al fín la vendió a otro morisco, vecino de Granada, llamado Miguel de Palacios, hijo de Jerónimo de Palacios, que era su fiador en el negocio sobre que estaba preso, por precio de mil y seiscientos ducados; el cual, la mesma noche que había de pagarle el dinero, temiendo que si quebrantaba la carcelería, la justicia echaría mano dél y del oficio por la general hipoteca y se lo haría pagar otra vez, avisó al licenciado Santare, alcalde mayor de aquella ciudad, para que lo mandase embargar, y en acabando de contar el dinero, llegó un alguacil y se lo embargó. Hallándose pues don Hernando sin veinticuatría y sin dineros, determinó quebrantar la carcelería y dar consigo en la Alpujarra; y con sola una mujer morisca que traía por amiga, y un esclavo negro, salio de Granada otro día luego siguiente, jueves 23 de diciembre, y durmiendo aquella noche en la almaciría de una huerta, caminó el viernes hacia el valle de Lecrín, y en la entrada dél encontró con el beneficiado de Béznar, que iba huyendo la vuelta de Granada; el cual le dijo que no pasase adelante, porque la tierra andaba alborotada y había muchos monfís en ella; mas no por eso dejó de proseguir su viaje, y llegó a Béznar y posó en casa de un pariente suyo, llamado el Válori, de los principales de aquel lugar, a quién dio cuenta de su negocio. Aquella noche se juntaron todos los Váloris, que era una parentela grande, y acordaron que pues la tierra se alzaba y no había cabeza, sería bien hacer rey a quien obedecer. Y diciéndolo otros moros de los rebelados, que habían acudido allí de tierra de Órgiba, todos dijeron que era muy bien acordado, y que ninguno lo podía ser mejor y con razón que don Hernando de Válor, por ser de linaje de reyes y por tenerse por no menos ofendido que todos. Y pidiéndolo que lo aceptase, se lo agradeció mucho; y así le elegieron y alzaron por rey, yendo, según despues decía, bien descuidado de serlo, aunque no ignorante de la revolución que había en aquella tierra. Algunos quisieron decir que los del Albaicín le  habían nombrado antes que saliese de Granada, aun nos persuadieron a creerlo al principio; mas procurando despues saberlo más de raiz, nos certificaron que no él, sino Farax, había sido el nombrado, y que los que trataban el levantamiento no solo quisieron encubrir su secreto a los caballeros moriscos y personas de calidad que tenían por servidores de su majestad, mas á este particularmente no se osaron descubrir, por ser veinticuatro de Granada y criado del marqués de Mondéjar, y tenerle por mozo liviano y de poco fundamento. Estando pues el lúnes por la mañana, á hora de misa, don Hernando de Válor delante la puerta de la iglesia del lugar con los vecinos dél, asomó por un viso que cae sobre las casas a la parte de la sierra, Farax Aben Farax con sus dos banderas, acompañado de los monfís que habian entrado con él en el Albaicin, trayendo sus instrumentos y haciendo grandes algazaras de placer, como si hubieran ganado alguna gran victoria. El cual, como supo que estaba allí don Hernando de Válor y que le alzaban por rey, se alteró grandemente, diciendo que cómo podía ser que habiendo sido él nombrado por los del Albaicin, que era la cabeza, eligiesen los de Béznar á otro, y sobre esto hubieran de llegar a las armas. Farax daba voces que había sido autor de la libertad, y que había de ser rey y gobernador de los moros, y que tambien él era noble del linaje de los Abencerrajes. Los Váloris decian que donde estaba don Hernando de Válor no había de ser otro rey sino él. Al fin entraron algunos de por medio y los concertaron desta manera: que don Hernando de Válor fuese el rey, y Farax su alguacil mayor, que es el oficio más preeminete entre los moros cerca de la persona real. Con esto cesó la diferencia y de nuevo alzaron por rey los que allí estaban a don Hernando de Válor, y le llamaron Muley Mahamete Aben Humeya, estando en el campo debajo de un olivo. El cual, por quitarse de delante a Farax Aben Farax, el mesmo dia le mando que fuese luego con su gente y la que mas pudiese juntar á la Alpujarra, y recogiese toda la plata, oro y joyas que los moros habian tomado y tomasen, así de iglesias como de particulares, para comprar armas de Berberia. Este traidor, publicando que Granada y toda la sierra estaba por los moros, yendo levantando lugares, no solamente hizo lo que se la mandó, mas llevando consigo trescientos mofís salteadores, de los mas perversos del Albaicin y de los lugares comarcanos, á Granada, hizo matar todos los clérigos y legos que halló captivos, que no dejó hombre a vida que tiviese nombre de cristiano y fuese de diez años arriba, usando muchos géneros de crueldades en sus muertes, como lo diremos en los capítulos del levantamiento de los lugares de la Alpujarra.

Bien se deja entender que esta don Hernando supo lo que se trataba del levantamiento, ansi que la priesa que se dio en vender su veinticuartía, como porque, según nos dijo el licenciado Andrés de Álava, inquisidor de Grananda, con quien profesaba mucha amistad, que estando de camino para visitar la Alpujarra por orden particular de su majestad, que le mandaba que visitando la tierra, en el secreto del Santo Oficio procurase entender si los moriscos trataban alguna novedad, habia ido a él pocos días antes que se alzase el reino, y aconsejándole por via de amistad que no se pusiese en camino hasta que pasase la pascua de la Navidad, porque para entonces estría ya la gente mas quieta, y le aconsejaria él por su persona; y habia hecho tanta instancia sobre esto, que se podia suponer que ya él lo sabia, y por ventura quiso excusar la ida del inquisidor, pareciéndole que si le tomaba el levantamiento  dentro de la Alpujarra, se ponia de nuestra parte mucha diligencia en socorrerle, aunque tambien pudo ser que quiso apartarle del peligro en que veía que se iba a meter, por la amistad que con él tenía. Sea como fuere, esta es la relacion más cierta que pudimos saber deste negocio.