La guerra de los moriscos en las Alpujarras

Capítulo X

Cómo  se alzaron los lugares de las taas de Poqueira y Ferreira, y la Descripción dellas 

Las taas de Poqueira y Ferreira están en la entrada de la Alpujarra; las cuales confinan a poniente con la taa de Órgiba, a levante con la de Jubíles, al mediodía con el Cehel, y á tramontana con Sierra Nevada. En la taa de Poqueira hay cuatro lugares llamados Capilaira, Alguazta, Pampaneira y Bubión; y en la de Ferreira hay once: Pitres, Capileira de Ferreira, Aylácar, Fondáles, Ferreirola, Mecina de Fondales, Pórtugos, Luaxar, Busquistar, Bayarcal y Harat el Bayar. Toda esta tierra es muy fresca, abundante de muchas arboledas; críase en ella cantidad de seda de morales; hay muchas manzanas, peras, camuesas de verano y de invierno, que llevan los moradores a vender a la ciudad de Granada y á otras partes todo el año, y mucha nuez y castaña ingerta. El pan, trigo, cebada y alcandia que alli se coge es todo de riego, y lo mejor y lo de mas provecho que hay en el reino de Granada. Está una sierra entre estas dos taas, donde se crian hermosas viñas y huertas, y  en ella nacen muchas fuentes de agua fría y saludable, con que se riegan, y son todas las frutas, hortalizadas y legumbres que allí se cogen muy buenas. Es tan grande la fertilidad desta tierra, que si siembran los garbanzos blancos en ella, los cogen negros; y son los castaños tan grandes, que en el lugar de Bubión hay uno donde una mujer tenía puesto un telar para tejer lienzo entre las ramas, y en el hueco del pie hacía su morada con sus hijos; y cuando el comendador mayor de Castilla entró con su campo en la Alpujarra, estando en aquel lugar, vimos seis escuderos con sus caballos dentro del hueco de aquel árbol, y a la partida le pusieron fuego unos soldados y le quemaron. De verano hay en estas tierras hermosísimos parstos para los ganados; y de invierno, porque es tierra muy fría, los llevan a los de Dalías, ó hacia Motril y Salobreña, que es más caliente y templado por los aires de la mar. Están estas dos taas a manera de península, entre dos ríos que bajan de la Sierra Nevada; el primero y más occidental nace sobre la mesma taa de Poqueira, y corriendo sobre asperísimas y altas sierras, la cerca por aquella parte, y se va a juntar con el rio de Motril antes de llegar a la puente Tejali, donde está el puerto de Jubiein, que es la entrada de Órgiba a la Alpujarra yendo por el rio de Cadiar, que se pasa en ese camino , en espacio de cuatro leguas, mas de sententa veces por pasos dificultosos y puertos fragosísimos de peñas. El otro rio nace tambien en la Sierra Nevada, á levante dél y a poniente del lugar de Trevélez, y con la mesma aspereza y fragosidad cerca de las dos taas a oriénte y mediodía. Por bajo el lugar de Ferreira hace dos brazos y entrambos se juntan con el río que baja de Alcázar, y se van despues a meter en el río de Motril en la garganta del Dragón, que los moriscos llaman Alcazaubin. Recógense en aquel lugar tantas aguas de verano, por razón de las nieves que se derriten de las sierras, que parece un mar tempestuoso el ruido que lleva el río. Esta tierra decian los moriscos haber oido decir a sus pasados que jamás había sido conquistada por fuerza de armas, y así tenían mucha confianza en el sitio y fortaleza della, creyendo que ningún ejercito acometería la entrada, habiendo quien defendiese los asperísimos pasos, donde poca gente era fuerte y poderosa; y por esta razón eligieron aquel sitio donde se recoger del primer ímpetu con sus mujeres, hijos y ganado.

Alzáronse los lugares de la taa de Poqueira viernes por la mañana  á 24 días del mes de diciembre. Los cristianos que habia en ellos corrieron luego  a favorecerse en la torre de la iglesia del lugar de Burburon, que al parecer era fuerte, aunque no estaba acabada, y los herejes traidores (que así merecen que los llamemos de aquí en adelante), viendo que se defendían, fueron a saquearles las casas, y cercaron la iglesia, abrieron una puerta que estaba tapiada, encubierta de la torre, y entrando furiosamente por ella, destruyeron y robaron todas las cosas sagradas, y luego juntaron muchos zarzos y tascos  untados con aceite para poner fuego a la puerta de la torre. Viendo esto los cristianos, y hallandose sin defensa, sin agua y sin mantenimientos, tomaron por medio rendirse antes que morir abrasados por crueles llamas; y fuérales menor mal, si los enemigos no usaran despues  otras mayores crueldades con ellos; porque los desnudaron y ataron, y les dieron muchos palos y bofetadas; y habiendolos tenido aprisionados diez y nueve días los sacaron á justiciar por mandado de Aben Humeya a una huerta cerca del lugar, un día antes que el marques de Mondéjar llegase a Órgiba; y allí hicieron pedazos con las espadas al licenciado Quirós, cura del lugar de Concha, y al beneficiado Bernabé de Montanos, y á Godoy, su sacristan, y a otros veinte legos; y dejando los cuerpos a las aves y a los perros que se los comiesen,a solas las mujeres y a los niños de diez años abajo tomaron por captivos. El bachiller Baltasar Bravo, beneficiado y vicario de aquella taa, porque sabian que tenia mucho dinero, no le mataron, y dandole tormento, le sacaron tres mil ducados de oro y mucha plata labrada, y con esperanza que les habia de dar mas, le dejaron con vida.

Los de la taa de Ferreira se alzaron el mesmo día y hora que los de Poqueira, especialmente los de Pórtugos y los de otros lugares junto a él. Los cristianos, en sintiendo el alzamiento, fueron luego a favorecerse en la torre de la iglesia de aquel lugar con sus mujeres e hijos. Los moros les saquearon las casas y entrando en la iglesia por una puerta pequeña, la robaron y destruyeron, y pusieron fuego a la torre, amenazando a los que se habían encastillado dentro con cruel muerte si luego no se rendian. Hubo algunos animosos que mostraban querer mas morir que verse en poder de aquellos infieles; otros, viéndose quemar vivios, y oyendo las piadosas lamentaciones de sus mujeres e hijos, considerando que ninguna crueldad se podría usar con ellos mayor que la del fuego, y teniendo alguna esperanza de que no los matarían, determinaron de rendirse; y al fin persuadieron a los demás á que se diesen a partido, con promesa de que no les harían otro mal sino tomarles por captivos. Habiéndeso pues tardado en determinarse, el fuego fue creciendo cada hora mas y ocupó la escalera de la torre; y siendoles forzado descolgarse con sogas por la parte de fuera, donde no habian aun llegado las llamas, el recibimiento que les hacian aquellos enemigos de Dios era desnudarlos en poniendo los pies en el suelo, y darles muchos palos y bofetones, y atándoles las manos atrás, los llevaban a meter de pies en un cepo, Al beneficiado Juan Díez Gallego, que residia en Pitres, y acertó a hallarse allí aquel día, mataron de una saetada, estando asomado a una ventana de la torre. Prendieron a los beneficiados Juan Vela y Baltasar Torres, y a su padre, y a otros muchos legos, y a las mujeres y niños que tuvieron lugar de poderse descolgar; y cuando fue aplacada la llama; retirando las brasas, entraron dentro, y á todos los hombres que hallaron vivos los mataron; y por atormentar más a los cristianos presos con pena y vituperio, les hicieron sacar de la torre los cuerpos muertos, y que con sogas a los pescuezos les llevasen arrastrando fuera del lugar y los echasen en un barranco; y despues los mataron a ellos, sacandolos de cuatro en cuatro para que durase mas la fiesta, llevándolos desnudos y descalzos, dandoles de pezcozones y puñadas. Ponianles en su orden sentados en el suelo en una haza, y luego comenzaban su venganza; El que llevaba la soga con que iba el cristiano atado, era el primero que le hería; y luego llegaban los otros y le daban tantas lanzadas y cuchilladas, hasta que le acababaan de matar; algunos entre. garon a las moriscas antes que espierasen para que tambien ellas se regocijasen. Uno de estos fue Juan de Cepeda, hafiz de la seda, el cual llevo su martirio, si en aquel punto supo gozar de Dios, por manos de mujeres con piedras y almaradas. Mataron tambien ese dia una morisca viuda, que habia sido mujer de un cristiano, llamada Ines de Cepeda,  porque no quiso ser mora como ellos, y les decia que era cristiana y que no queria mayor bien que morir por Jesucristo. En esta constancia la degollaron, y dio el alma a su Criador,  encomendandose muchas veces a la gloriosa virgen María. No podian los descreidos llevar a paciencia que los cristianos cuando se veian en aquel punto se encomendasen a Dios y a su bendita madre. Y como herejes y malos les decian: <Perros, Dios no tiene madre;>  y los herian cruelisimamente. Al beneficiado Baltasar Torres  rogaron mucho que se tornase moro dos herejes llamado Pedro Almalqui y Juan pastor, y le prometian que le darian su hacienda y le casarian.. Y como les respondiese que era sacerdote de Jesucristo y que habia de morir por él, le dieron de bofetadas y puñadas; y diciendole por escarnio;<Perro, llama ahora al Arzobispo y al Presidente y a Albotodo que te favorezcan.> Cuando hubieron sacado por engaña á su madre doscientos ducados que tenia escondidos, con promesa de que no le matarian, le desnudaron en cueros, y maniatado con una soga a la garganta, le llevaron a la plaza, y apártandole a un cabo, donde llaman el Lauxar, le cortaron los pies y las manos,  y luego le ahorcaron  juntamente con otros dos cristianos mancebos,  que el uno no tenia edad de catorce años; y porque lleraba un niño sobrino del beneficiado viendo matar a su tío, le mataron tambien a él. Murieron en este lugar veintidos cristianos entre clérigos y legos, y dos niños de edad de tres años, ó poco más. Los autores de estas crueldades que Farax Aben Farax mandaba hacer, fueron Luis el Hardon y Miguel de Granada Xaba, juntamente con las cuadrillas de los monfis.

Alzóse el lugar de Mecina de Fondales el mesmo día viernes en la noche, y tomando a los cristianos que vivian en aquel lugar descuidados, los prendieron a todos en sus casas y los robaron. Luego acudieron a la iglesia, y como si en aquello estuviera toda su felicidad, destruyeron todas las cosas sagradas, y se llevaron los ornamentos y cosas de precio que allí habia.  Fueron muchos los tratamientos y afrentas que hicieron a los cristianos captivos en este lugar; y despues de bien hartos de ultrajarlos, mataron diez y seis personas, y entre ellos dos beneficiados, llamados Luis de Jorquera y Pedro Rodríguez de Arceo, y a Diego Pérez, sacristan, y á Pedro Montanes, hombre rico, y a su mujer y a una criatura que llevaba en los brazos. Sacándolos a todos desnudos, las manos atadas, fuera del lugar, dándoles de palos y bofetadas, y despues los herian cruelmente con lanzas, espadas y con piedras.

El lugar de Pitres de Ferreira se alzó la noche de navidad, viernes a 24 de diciembre, como los demás desta taa. Los cristianos que allí vivian, y otros que se hallaron en él acaso, en sistiendo el alboroto de la gente se metieron en la torre de la iglesia, y los moros les saquearon las casas y los cercaron. Teniendolos pues cercados, y viendo que se defendían, un moro de los principales de aquel lugar, llamado Miguel de Herrera, les persuadio con buenas palabras a que se rindiesen, diciendo que no los matarian; los cuales lo hicieron ansí, viendo lo poco que podia durar su vana defensa. Luego saqueron y robaron la iglesia y deshicieron los altares.  Miguel de Herrera llevo a su casa y a otras de particulares los prisioneros, dándoles esperanza de que no moririan; y habiéndolos tenido alli tres dias, llego el traidor de Farax, y dejandole mandado que los matese, los llevaron a todos maniatados a casa de Diego de la Hoz  el viejo, que era un cristiano rico que vivia en aquel lugar, y haciendo pregonar que todos los moros y moras que quisiesen regocijarse con la muerte de sus enemigos saliesen a la plaza a ver como los mataban, en un punto se hinchó toda la gente. El primero que sacaron fue el beneficiado Jerónimo de Mesa, y poniendo una garrucha con una gruesa soga en lo alto de la torre de la iglesia, le ataron los brazos atrás asidos della,  y subiendole arriba,  le dejaron caer tres veces de golpe en el suelo con los brazos descoyuntados, y de los golpes que daba sobre una losa,  se le hicieron pedazos las canillas de los pies y de los muslos en presencia de su madre, que era morisca de nacion y buena cristiana; la cual viendo hecho pedazos a su hijo, llego a él con ánimo varonil y besándole muchas veces el rostro, le dijo: <Hijo mio, esforzad en Dios y en su bendita Madre, que son los que han de favorecer vuestra alma; que los tormentos presto pasaran.> El cual alzando los ojos al cielo, daba infinitas gracias a Jesucristo,  derramando lágrimas de contemplacion con tanto ánimo como si no sintiera aquel tormento. Viendole pues los herejes en esta constancia, y que tan de corazon se encomendaba a Dios, llegaron a él, y por escarnecerle le decian: < Perro, di agora el Ave Maria; veamos di te quitara de aquí.> Y tornándole a subir otra vez a lo alto, le dejaron caer cuatro veces, y luego le quitaron; y echandole una soga a la garganta, le entregaron a las moras para que tambien ellas tomasen su venganza en él; las cuales le llevaron arrastrando fuera del pueblo, y hiriéndole con almaradas, lanzuelas y piedras, le acabaron de matar; y volviéndose contra su madre, le escupian en la cara, llamándola de perra cristiana; y mesándola, de dándole de bofetadas, le dieron  tantas heridas y pedradas, que la derribaron muerta sobre el cuerpo de su hijo. Acabado este espectáculo, sacaron a Diego de la Hoz el viejo, y al gobernador de Torviscon, y á Francisco de Campuzano, y con ellos otros muchos cristanos, y los llevaron donde los habian de matar; y porque algunos, teniendo las manos atadas, hacian la cruz con los dedos pulgares, y la besaban, llegaban a ellos y se los cortaban. Hubo entre estos cristianos dos muchachos, que el mayor sería de trece años, y era hijo de Anton Martin, familiar del Santo Oficio, en quien el señor puso su mano  aquel dia, porque no bastaron con ellos ruegos, promesas ni amenazas para que renegasen. Y queriéndolos sacar a matar con los demas, se llego uno llamado Pedro, hijo de Diego de la Hoz, a su madre, y con semblante alegre le dijo: < Señora madre, rogad a Dios por mi.> Y como le respondiese llorando: < Hijo mio, tu eres el que ha de rogar por todos,> le replico el muchacho: < Por cierto, señora, yo lo hare, y no tengais pena de mi muerte; que voy muy alegre y contento a morir por Jesucristo.> Y con grandísimo esfuerzo llegaron entrambos  a donde estaban los otros cristianos muertos, y hicando las rodillas en el suelo, sin temor de aquella muerte breve, fueron a gozar de la vida perdurable, ensangrentando en ellos sus espadas los enemigos de Jesucristo; cosa por cierto de admiración, y para dar gracias al Omnipotente, que no hubo en todo este alzamiento cristiano, hombre ni mujer, grande ni pequeño, sacerdote ni lego, que negasen la fe; antes hubo algunos moriscos y moriscas que holgaron morir por ella, y se ofrecian de buena gana al sacrificio con tanto mas ánimo , cuanto mayores crueldades veian hacer. Padecieron en este lugar veintitres cristianos por sentencia de Miguel de Herrera, que como juez los condenaba. Los principales ejecutores del mal que alli se hizo fueron Lorenzo de Murcia, Lorenzo Campanari, Miguel de Montoro y Miguel Zenin y el Mehme. Otras muchas crueldades se hicieron en los otros lugares destas taas, que dejo de poner, porque para haberlo de contar todo, seria menester gran volumen y cansar al lector.