CAPITULO XXVIII

Cómo los moros combatieron la torre de Órgiba

El domingo, segundo día de pascua de Navidad, á 26 de diciembre, acordaron los moros de combatir la torre de Órgiba, y para este combate juntaron muchos haces de leña y zarzos de cañas untado con aceite, pensando quemar los cristianos dentro. El alcaide Gaspar de Sarabia echo luego fuera veinte hombres, que mataron algunos moros y quemaron todos aquellos haces en el lugar donde los tenian recogidos. Los enemigos corrieron a la iglesia, y hallándola sin defensa, entraron dentro, y con grandísima ira quebraron los retablos, deshicieron el altar, rompieron la pila del bautismo, derramaron el olio y la crisma, arcabucearon la caja del Santísimo Sacramento, con enojo de que no hallaron alli la santa forma de la Eucaristia,  que los beneficiados la habian consumido en todos aquellos lugares; y arrojando todas las cosas sagradas por el suelo, no dejaron abominación ni maldad que no hicieron. Luego subieron á  la torre del campamento, y en lo mas alto dél pusieron un reparo de colchones y mantas, para desde él arcabucear á los cristianos, y aquella noche les enviaron un moro del lugar de Benizalte, llamado Ferza, hijo de Alonso el Ferza, para que les dijese de su parte que se rindiesen  y que entregasen las armas y el dinero y les dejarian las vidas, porque de otra manera no podian dejar de morir. Este moro llegó con una banderilla blanca a la torre, y propuso su embajada diciendo que Granada era perdida, que los moros tenian ya la fortaleza del Alhambra por suya, que el rey don Felipe no les podia enviar socorro, porque estaba cercado de luteranos, y que las cosas de los moros iban tan prosperas, que esperaban muy en breve llegar victoriosos a Castilla la Vieja. Y como un clerido de los que estaban en la torre le preguntase si hablaba como cristiano o como moro, porque ya no habia en aquella tierra mas que Dios y Mahoma, y que harian cuerdamente los que alli estaban en tornarse moros si querian tener libertad. Estas palabras sintieron mucho los nuestros, y no pudiendo oir semejante blasfemia, les respondieron que se alargasen luego de allí, si no queria que le matasen con arcabuces, apercibiendole que ni él ni otro no volviesen con aquel recaudo, porque no les iria bien dello; mas no por eso les dejaron de acometer otras veces con la paz, por ver si los podian engañar. No mucho despues acordaron hacer dos mantas de madera para picar el muro por debajo y dar con la torre en el suelo, mas los cercados se dieron buena maña, que les quemaron la una, teniendola medio hacer; la otra acabaron, y cuando estuvo puesta en orden, hicieron reseña de toda la gente, y se apercibieron al combate. Esta manta era hecha de maderos gruesos, cubierta de tablas aforradas por afuera de cueros de vaca, y sobre los cueros y la madera colchones de lana mojada, para que resistiesen las piedras y el fuego; y estando asentada sobre cuatro ruedas bajas, los propios que iban dentro della  la llevaban rodando, y de un cabo y de otro iban arrastrando grandes haces de cañas, y de leña seca y tascos, untado todo con aceite para poner con ellos fuego á la torre cuando el muro estuviese picado y apuntalado con maderos. Fue la determinacion de los enemigos tan grande, teniendo presente el odio y la ira, que aunque los cristianos mataban muchos dellos con los arcabuces, no dejaron de arrimar su manta. Los nuestros procuraron deshacérsela arrojando gruesas piedras, sobre ella desde arriba; y viendo que no aprovechaba, como la madera era recia, y los reparon que llevaba encima despedian la piedra, tomaron unos ladrillos mazarís que acerto á haber en la torre, y arrojándolos de esquina donde se descubrian los colchones, rompieron el lienzo, y echando sobre ellos dos calderas de aceite hirviendo de lo que Leandro habia traido, y cantidad de tascos de cáñamo y de lino ardiendo, prendio el fuego de manera, que el breve tiempo se prendieron los colchones y la manta; y los que habian ya comenzado a picar el muro, se salieron huyendo con harto peligro de sus vidas. No se halla Aben Humeya en este asalto porque habia pasado de largo, como queda dicho, á Pitres de Ferreira a proveer de otras cosas, y cuando supo el ruin suceso que habia tenido, mando que cesasen los asaltos, y que solamente tuviesen la torre cercada, para que no le entrase bastimento; y desta manera estuvo diez y siete días hasta que el marques de Mondéjar la socorrio, como diremos adelante.